jueves, 5 de febrero de 2009

(...)

sé que no fue tu intención. probablemente tiraste el cuchillo al aire para que se clave en la tierra en el centro de una cruz de sal, pero justo en el cenit de su viaje hacia el gualicho, el viento que se llevó la lluvia desvió el filo... yo lo descubrí cuando quería clavarse en mí.

(

"Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par (pero después, esta vez no me engañás) se abrió paso el repertorio inteligible, con una primera idea explicatoria: 'Y ahora a vivir otro día, etc.' De donde sigue: 'Estoy angustiado porque... etc' Las ideas a vela, impulsadas por el viento primordial que sopla desde abajo (pero abajo es sólo una localización física). Basta un cambio de brisa (¿pero qué es lo que la cambia de cuadrante?) y al segundo están aquí las barquitas felices, con sus velas de colores."

rayuela, claro.

)

eso mismo. te pesqué, puñal, y pelé entera una jugosa naranja en una sola tira, y puse la cáscara a secar para agregársela al mate. ahora mi ventana tiene un rulo naranja que perfuma el viento que respiro mientras sueño.

aprendí a salir del dolor transformándolo en una idea feliz de las que hacen volar. es hermoso, pero tan agotador...

espero que, como lo hace con las berenjenas, la sal del mar lave sola el sabor amargo que hoy tienen tus ausencias y yo pueda descansar.

hasta la vuelta.

1 comentario:

Lena dijo...

El mar todo lo cura.