
me mira sin saber (no sabe casi nada). me mira desde abajo y me hace grande, tanto que del susto me siento chiquita. me pregunta algo y aprendo que saber responder es a veces callar las respuestas que pueden descubrirse solas. me enseña que ninguno enseña, que siempre aprendemos. y no lo sabe.
no hace falta casi nada para empezar a entendernos. se sienta al lado mío y vemos el mundo desde el mismo lugar. me cuenta lo que ven sus ojos inocentes y descubrimos juntos la esencia de las cosas, lo verdaderamente importante. cuando la realidad lo aburre, su imaginación lo lleva de paseo. yo lo acompaño, abriéndole el paso. él sabe de volar, yo sé de lo necesario. ambos aprendemos (él no lo sabe).
un día llegamos a la esquina, nos damos la mano y es cruzar la calle por primera vez. miro para un lado y para el otro varias veces, dudo y vuelvo a dudar, levanto el mentón y, aún temerosa, doy el primer paso con orgullo. el tiempo con él fluye intenso, como un libro de infinitos cuentos brevísimos, de un segundo apenas, todos muy divertidos y siempre con moraleja. crezco porque al mirarlo me lleno de preguntas que él ni se imagina. me pregunto, por ejemplo, si la nuestra es una relación de poder. él me enseña a no ejercer el poder (porque lo tengo), y eso que ni siquiera sabe qué es.
temblando en la vereda, mirando la puerta cerrada de una casa que se intuía calentita, una noche preguntó "cuándo se va a acabar la propiedad privada, que tengo frío?". tiene 7 años y no sabe casi nada, pero parece entenderlo todo. hoy se bautizó "we dont need no education". no sabe lo bien que hizo.
(((...no sabe cuánto lo extraño...)))